From: Cervantes: Bulletin of the Cervantes Society of America
16.2 (1996): 89-106.
Copyright © 1996, The Cervantes Society of America
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JORGE ALADRO-FONT AND RICARDO RAMOS TREMOLADA |
| Los muchos libros que tenía los redujo a unas Horas de Nuestra Señora y un Garcilaso sin comento, que en las dos faldriqueras llevaba. | |
Cervantes (El Licenciado Vidriera) |
Algunos datos concretos sirven de punto de partida a esta reflexión. En la segunda parte del Quijote, entre reminiscencias y citas textuales, Garcilaso es mencionado quince veces (ver Apéndice). Ya 1947 don José Manuel Blecua había destacado el extraordinario fervor con que Cervantes leyó la obra del divino toledano (Blecua 141) y en 1948 don Juan Antonio Tamayo insistía en el bien conocido entusiasmo de Cervantes por Garcilaso, a quien constantemente leyó y a quien sabía de memoria, como todos sus contemporáneos alguna afición a las letras (Tamayo 391). El porqué de dicha admiración cervantina era entonces el problema que se planteaba resolver Blecua y Tamayo. Retomando ahora tal inquietud1. nos
1 Incumbe
citar el importante estudio de Elías Rivers (ver bibliografía),
mediante el cual, en 1981, retomó la interrogante que José
Manuel Blecua había planteado en 1947.
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proponemos indagar sobre el porqué de la presencia de Garcilaso en
el Quijote.
Lo curioso del caso es que tal presencia sólo
se da en la segunda parte del libro; en la primera, por el contrario, el
poeta toledano pasa casi desapercibido. Apenas si se utiliza, en el
capítulo XIV2, un verso suyo en la
Canción de Grisóstomo (echa con la doliente
ánima fuera, Egloga II, vs. 606), y si aceptamos la posibilidad
de que tal poema haya sido escrito por Cervantes antes de concebir literariamente
el Quijote3, constituyendo así
una suerte de poema interpolado, entonces la presencia de Garcilaso se
reduciría prácticamente a tres reminiscencias:
2 Garcilaso,
Egloga II, vs. 606 : echa con la doliente ánima fuera.
Versos que debieron de gustar a Cervantes ya que los repite con frecuencia
en su obra: saldrá con la doliente ánima fuera,
La Galatea, lib. III; Salga con la doliente ánima
fuera, Persiles, II, 3.
3 Esta
hipótesis fue planteada por José Manuel Blecua en 1947, en
su artículo La poesía lírica de Cervantes,
escrito bajo el seudónimo de Joseph M. Claube, nombre que mantenemos
en nuestra bibliografía.
4 Todas las citas
del Quijote han sido tomadas de la edición de Juan Bautista
Avalle-Arce. Don Quijote de la Mancha. Madrid: Clásicos Alhambra,
1977, citando primero volumen y después página; los subrayados
en las citas son nuestros. Para Garcilaso hemos utilizado la edición
de Elías L. Rivers, Garcilaso de la Vega. Obras Completas.
Madrid: Castalia, 1981.
5 Véase
Ashcom, B. B., A note on Garcilaso and Cervantes, Hispanic
Review, 19: 61-63 (1951).
6 También
se encuentra eco de esos versos en Fray Luis de León:
Despiértenme las aves con su cantar süave no aprendido
(Oda a la Vida Retirada, vs. 31-31).
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Buscar el porqué de dicha ausencia en el libro de 1605 sólo tiene sentido, sin embargo, si primero constatamos la súbita presencia de Garcilaso en el libro de 1615, en el cual el eco de su poesía es para el Quijote un intertexto casi tan importante como lo son los libros de caballerías7. Tal es, por tanto, el eje de nuestra reflexión: la ausencia-presencia de Garcilaso en el Quijote.
Comencemos por lo segundo. ¿Por qué
Cervantes decide utilizar, como subtextos de su texto, versos de Garcilaso
en la segunda parte del Quijote? Para responder a dicha pregunta veamos
primero cómo emplea Cervantes tal mecanismo. Lo más notorio
es que casi siempre es don Quijote quien recuerda a Garcilaso; las seis ocasiones
en que otros personajes lo mencionan8, directa
o indirectamente, estos tienen como interlocutor a don Quijote; es decir,
lo hacen sólo porque reconocen de antemano que aquél es un
lenguaje familiar en el hidalgo, lo cual puede de hecho facilitar su
comunicación con él. Así pues, llegamos a la primera
conclusión: Hay una estrecha relación entre el corpus
poético de Garcilaso y el personaje central de la obra de Cervantes;
tal relación, a nuestro entender, va más allá de la
simple memorización de versos por parte del hidalgo manchego.
Decía Gallego Morell, tratando de explicar
la voz de Garcilaso en don Quijote, que el poeta toledano y el hidalgo manchego
habían pasado por la vida tristes y a caballo (Gallego
2). Y aunque ello no deja de ser cierto, resulta insuficiente para explicar
el asunto que nos concierne. Ha dicho acertadamente Elías Rivers que
no podemos comprender bien la complicada actitud cervantina con respecto
a la poesía garcilasiana si no comprendemos toda su ideología
literaria. Dentro de esta ideología, parece que Garcilaso representa
uno de los polos fundamentales, el ideal puro de eterno clasicismo
(Rivers 966-7). Lo que importa ahora dilucidar es qué aspectos de
aquella ideología literaria consideró Cervantes
en la constitución de su personaje. Analicemos este proceso.
7 Empleamos
aquí el concepto de Roland Barthes sobre el intertexto: Esto
es precisamente el intertexto: la imposibilidad de vivir fuera del texto
infinito no importa que este texto sea Proust, o el diario, o la pantalla
televisiva: el libro hace el sentido, el sentido hace la vida. El
Placer del Texto, México: Siglo XXI, 1989, p. 59.
8 Nos referimos al Caballero
del Bosque, una pastora, un músico y a Altisidora. Citas IV, V, X,
XIII, XIV y XV respectivamente, de nuestro Apéndice.
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Permítasenos, primero, transcribir una cita en la que podemos constatar la importancia que la poesía tenía en la mentalidad de Cervantes / don Quijote9, ya que como indicó D. Finello para la comprehensión de la actitud de Cervantes hacia lo pastoril en el Quijote, es fundamental su postura ante la poesía en general (Finello 221). Dice el hidalgo manchego, en conversación con el Caballero del Verde Gabán quien para J. B. Trend es un antiguo pastor de la Arcadia, que se ha casado y vive tranquilamente en su casa de campo (Trend 500), que la poesía:
es como una doncella tierna y de poca edad, y en todo estremo hermosa, a quien tienen cuidado de enriquecer, pulir y adornar otras muchas doncellas, que son todas las otras ciencias, y ella se ha de servir de todas, y todas se han de autorizar con ella; pero esta tal doncella no quiere ser manoseada, ni traída por las calles, ni publicada por las esquinas de las plazas ni por los rincones de los palacios. Ella es hecha de una alquimia de tal virtud, que quien la sabe tratar la volverá de oro purísimo de inestimable precio; hala de tener, el que la tuviere, a raya, no dejándola comer en torpes sátiras ni en desalmados sonetos; no ha de ser vendible en ninguna manera, si ya no fuere en poemas heroicos, en lamentables tragedias o en comedias alegres y artificiosas; no se ha de dejar tratar de los truhanes, ni del ignorante Vulgo, incapaz de conocer ni estimar los tesoros que en ella se encierran (II, 143).10
El aprecio que don Quijote tiene por la poesía explica, en primer lugar, la importancia que le confiere en la segunda parte del Quijote
9 Sabido
es que Cervantes nunca dejó de cultivar la poesía. Desde el
temprano poema A la muerte de Isabel de Valois (1569) hasta el
Persiles (publicado póstumamente en 1617), Cervantes siempre
expresó su sincera vocación. De esta manera, Cervantes ya
manifestó en el prólogo a la Galatea (1585): la
inclinación que a la poesía siempre he tenido, y casi
treinta años más tarde insistió en el Viaje del
Parnaso (1614): Desde mis tiernos años amé el arte
/ dulce de la agradable poesía (IV, 31-32). En su bello estudio
sobre Cervantes y la Poesía, señala Gerardo Diego que: Sin
la divina vocación no hay poeta legítimo. Y sobre la de Miguel
de Cervantes, desde la natural inclinación de su temprana mocedad
hasta la constancia conmovedora de su vejez . . . no podemos albergar
sospecha . . . Miguel, que nació poeta, poeta confesado
murió. Gerardo Diego. Cervantes y la poesía.
Revista de Filología Española, XXXII (1948), págs.
214 y 219.
10 Las
reflexiones y prolongados argumentos en torno a la poesía constituyen
aquí [los tres capítulos donde aparece el Caballero del Verde
Gabán] un holgado tercio del total del pasaje. No constituyen
digresión ni paréntesis apreciable, sino que surgen
espontáneas en el contexto del diálogo: forman un cuerpo
indivisible y sustancial en el conjunto. Alberto Sánchez, El
Caballero del Verde Gabán. Anales Cervantinos, IX (1961-62),
p. 193.
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a los textos de Garcilaso, los mismos que lee como a continuación
veremos desde su perspectiva de héroe.
En la primera parte del Quijote pese
al deseo de soslayar casi toda mención explícita sobre Garcilaso,
por razones que más adelante discutiremos encontramos un texto
que, en nuestra opinión, presenta los principios generales de lo que
va a ser la ideología literaria de don Quijote. En el
capítulo L de la primera parte, aparece el episodio del Caballero
del Lago; en él, respondiendo a las críticas del cura, dice
don Quijote:
¿Hay mayor contento que ver, como si dijésemos, aquí ahora se muestra delante de nosotros un gran lago de pez hirviendo a borbollones, y que andan nadando y cruzando por él muchas serpientes, culebras y lagartos, y otros muchos géneros de animales feroces y espantables, y que del medio del lago sale una voz tristísima que dice: «Tú, caballero, quienquiera que seas, que el temeroso lago estás mirando, si quieres alcanzar el bien que debajo destas negras aguas se encubre, muestra el valor de tu fuerte pecho y arrójate en mitad de su negro y encendido licor; porque si así no lo haces, no serás digno de ver las altas maravillas que en sí encierran y contienen los siete castillos de las siete fadas que debajo desta negregrura yacen?» (I, 587).
Y aunque aquí se combinan tópicos del viaje al mundo subterráneo de los relatos caballerescos (Murillo, I, 585), creemos percibir también cierta relación con algunos versos de Garcilaso que el mismo don Quijote menciona luego en la segunda parte. Veamos primero los versos de la Egloga I:
| Por estas asperezas se camina |
| de la inmortalidad al alto asiento, |
| do nunca arriba quien de allí declina (DQ, II, 64) |
Versos que más adelante serán
aludidos por el mismo don Quijote en su respuesta al canónigo, en
casa de los duques: ¿Por ventura es asumpto vano o es tiempo mal
gastado el que se gasta en vagar por el mundo, no buscando los regalos dél,
sino las asperezas por donde los buenos suben al asiento de la
inmortalidad? (II, 281).
Lo que interesa a don Quijote en esta elegía
vía Cervantes, se entiende es exactamente lo que destaca
Lapesa en su análisis de la misma: La novedad consistió
precisamente en añadir amplias consideraciones sobre la fortaleza
de ánimo, la fama y la inmortalidad. (Lapesa 144) En el episodio
del Caballero del Lago, la voz del lago le
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promete a éste ver las altas maravillas (léase fama e inmortalidad) si es que se atreve el caballero (léase fortaleza de ánimo) a arrojarse sobre las negras aguas (léase asperezas). Veamos ahora, sin olvidarnos del aludido episodio, las tres primeras octavas de la égloga III de Garcilaso, que parcialmente serán citadas en el Quijote.
Aquella voluntad honesta y pura,
ilustre y hermosíssima María,
que'n mí de celebrar tu hermosura,
tu ingenio y tu valor estar solía,
a despecho y pesar de la ventura
que por otro camino me desvía,
está y estará tanto en mí clavada
quanto del cuerpo el alma acompañada.Y aun no se me figura que me toca
aqueste officio solamente'n vida,
mas con la lengua muerta y fría en la boca
pienso mover la boz a ti devida;
libre mi alma de su estrecha roca,
por el Estygio lago conduzida,
celebrando t'irá, y aquel sonido
hará parar las aguas del olvido (DQ II, 573, 2da. octava completa).Mas la fortuna, de mi mal no harta
me aflige y d'un trabajo en otro lleva;
ya de la patria, ya del bien me aparta,
ya mi paciencia en mil maneras prueva,
y lo que siento más es que la carta
donde mi pluma en tu alabança mueva,
poniendo en su lugar cuydados vanos,
me quita y m'arrebata de las manos.
Sobre los versos 14-16, transcribimos las opiniones de Herrera y Rivers, pues creemos que guardan relación con el episodio del Caballero del Lago: Normalmente se llamaba la laguna Estigia o el Estige (H-766); las aguas del olvido, en cambio, son las del río Lete (H-768). Aunque el poeta se refiere a su propia voz, aquel sonido, como dice Herrera (H-767), toca la fábula de la música de Orfeo, implícita en toda la estrofa. Es posible, por tanto (sólo posible), que aquella voz tristísima que sale del lago y que don Quijote menciona, esté de alguna manera emparentada con aquel sonido que, para Garcilaso, hará parar las aguas del olvido. Ambos, Garcilaso y don Quijote, cantan la ausencia de la amada y, por ella,
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muestran su férrea voluntad de superar cualquier prueba a fin de llegar
a la cima de la inmortalidad. Yo me quejaré de ausencia
(II, 564), ése será el dolor que nos cantará don Quijote
hecho pastor. Para ambos, también, seguir los dictados de esas
voz-sonido es la única forma de revivir a la amada, así
como soportar con estoicismo los avatares de la Fortuna es el único
camino de salvación y gloria. Así, no es fácil imaginar
que un ávido lector como don Quijote reemplazara la María Osorio
Pimentel de Garcilaso por su amada Dulcinea del Toboso y, además hiciera
su propia lectura de los textos garcilasianos.
De ser cierta esta intertextualidad entre el
mundo poético de las églogas de Garcilaso y el ínterin
de don Quijote, podríamos incluso señalar que Cervantes ha
urdido tan bien la trampa para filtrar la poesía del primero en el
segundo, que ni siquiera éste lo ha notado. Nos explicamos: la
última alusión a Garcilaso en el Quijote está
rodeada de ese afán lúcido tan típico en Cervantes.
Después que el músico ha cantado dos estancias ante el supuesto
cadáver de Altisidora, la segunda de las cuales ha sido la segunda
octava de la égloga III de Garcilaso, él mismo es interrogado
por don Quijote:
Por cierto replicó don Quijote, que vuestra merced tiene estremada voz; pero lo que cantó no me parece que fue muy a propósito; porque, ¿qué tienen que ver las estancias de Garcilaso con la muerte de esta señora?
No se maraville vuestra merced deso respondió el músico; que ya entre los intonsos poetas de nuestra edad se usa que cada uno escriba como quisiere, y hurte de quien quisiere, venga o no venga a pelo de su intento, y ya no hay necedad que canten o escriban que no se atribuya a licencia poética (II, 583).
El propósito de Cervantes no es, ciertamente, que el lector del Quijote crea en la simplicidad argumental del músico, sino que se encargue de unir los cabos sueltos dejados por él, para así encontrar el corpus poético de su personaje. Sólo entendiendo el lirismo de aquél podrá el lector compenetrarse con sus sentimientos, pues, aunque un personaje literario puede ser conocido por sus actos o por la información que sobre él nos da el autor, ello es insuficiente y acaso superficial. Sólo a través de su poética el personaje abre su intimidad ante el lector. Eso sin duda lo sabía Cervantes, como narrador y poeta que también era, así como sabía que ésa era la única forma de filtrar sus propios gustos poéticos ante el lector. No olvidemos que la doble personalidad de Cervantes, como ha señalado Spitzer, no se debe tanto a que así requiera la naturaleza de Don Quijote, sino al revés, de que Don Quijote es un personaje de
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doble personalidad porque su creador era un crítico-poeta, que sintió con igual fuerza la necesidad urgente de belleza ilusoria y de transparente claridad (Spitzer 222).
Vayamos ahora a la última parte de nuestra
reflexión. ¿Cómo explicar la ausencia de Garcilaso en
casi toda la primera parte del Quijote y su presencia en la segunda?
Primero, por la propia inseguridad de Cervantes,
cuando escribía la primera parte del Quijote, ante el mundo
lírico y pastoril. Recordemos que los dos episodios, del libro de
1605, donde don Quijote se asoma al mundo pastoril las historias de
Marcela y Leandra terminan de una manera truncada. En la primera, don
Quijote no puede encontrar a Marcela, alejándose así de la
pastoral y, en la segunda aventura, por defender don Quijote la libertad
de Leandra, termina peleándose con el pastor Eugenio; estos
golpes a la narrative pastoril [en la primera parte de el Quijote]
ayudan a vislumbrar que Cervantes debía sentirse algo incierto ante
un género que daba gusto a los lectores de libros de caballerías.
Sospechamos que Cervantes dudaba de su capacidad artística para la
literatura pastoril (Finello 213). Inseguridad que se irá
desvaneciendo en la segunda parte del Quijote.
Segundo, por la gradual confianza, y por lo
tanto madurez, de Cervantes en sí mismo como escritor que le
permitirá ya no intercalar sino enzarzar géneros y a sus poetas
favoritos en un mismo fluir narrativo. Al Quijote de 1605, Cervantes
llegó desde la Galatea (1585), una bucólica sui
generis donde el escritor no dio con la solución acertada a ese
nuevo género literario que ya se comenzaba a llamar novela. En
consecuencia, Cervantes calló por veinte años. Muy distinto
es el Cervantes de la segunda parte del Quijote; al libro de 1615,
llega Cervantes desde el entusiasmo y la
confianza11 que le dio el éxito de
la primera parte y con la experiencia de diez intensos años de lectura
y composición que dieron como fruto: las Novelas ejemplares
(1613), el Viaje del Parnaso (1614) y las Ocho comedies y ocho
entremeses (1615). Diez años en los que Cervantes, dejándonos
11
Ilusión (Mucho prometo con fuerzas tan pocas como las mías;
pero ¿quién pondrá riendas a los deseos?) y seguridad
(que yo soy el primero que he novelado en lengua castellana)
que quedan reflejadas en el Prólogo al lector de las Novelas
ejemplares.
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constancia de su capacidad para el cultivo de los distintos géneros
literarios, se afirma como prosista y poeta.
Tercero, por razones históricas. De
La Galatea al Quijote transcurren veinte años. Entre
1585 y 1605 las innovaciones de Lope, Góngora y Quevedo
transformarán el panorama de la literatura española. El barroquismo
en el teatro, en la novela y en la lírica triunfan totalmente
(Claube 174). Así, pues, al escribir Cervantes la primera parte del
Quijote, pudo no haber querido aparecer como obsoleto ante la
crítica de su tiempo, así como también es posible suponer
que no había decidido aún la forma de filtrar a su poeta favorito
a través del personaje central de su obra. Una acotación de
Rivers apunta en el sentido mencionado; señala él que entre
1590 y 1600 parece que Cervantes sufrió una crisis espiritual, literaria
y social, después de la cual no le bastaban ya los ideales clásicos
que representaba la poesía garcilasiana. Pero estos ideales no se
borraron de la nueva escritura cervantina: entre los corchetes irónicos
de mentalidades quijotescas seguían viviendo en los textos de Cervantes
el mito pastoril y el estilo clásico (Rivers 967).
En cuarto lugar, la ausencia-presencia de Garcilaso
puede ser explicado por la evolución de don Quijote como personaje;
mejor aún, como individuo. Don Quijote lector, al ir escribiendo su
propio texto, va descubriéndose a sí mismo. In a novel
the individual acquires the ideological and linguistic initiative necessary
to change the nature of his own image (there is a new and higher type of
individualization of the image) (Bakhtin 38). Vemos entonces que don
Quijote de la primera parte es un empedernido caballero andante, para el
cual la misma Dulcinea parece ser tan sólo un deber de
caballero. El lenguaje poético de Garcilaso hubiera estado fuera de
lugar en un personaje con tales características. Pero en la medida
en que el hidalgo va tomando conciencia de su fracaso como caballero, va
serenando su espíritu, y comienza entonces a volcar toda su energía
hacia su amada. Hay, por tanto, una relación ascendente en el amor
de don Quijote hacia Dulcinea. Cuando el don Quijote de la segunda parte,
ya más pasivo y reflexivo, toma consciencia de la irrealidad
de su Dulcinea, tiende a cerrarse en sí mismo. Soló entonces,
cuando la sensación de pérdida comienza a condicionar su existencia
(ter Horst 335), asume como suyo el corpus poético de
Garcilaso. Así, consciente o inconscientemente, lo cierto es que Cervantes
prepara a su personaje para enfrentarle con su derrota como caballero.
Recapitulemos: después de la aventura pseudo-amorosa con Altisidora
en casa de los duques, en su camino hacia Zaragoza, don Quijote se
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encuentra con la fingida Arcadia (Cap. LVIII) que sirve de disparador del idealismo de don Quijote (Avalle-Arce 259); pasa la noche en una posada donde escucha las aventuras del falso don Quijote y para demostrar su autenticidad cambia de rumbo y se dirige a Barcelona (Cap. LIX)12 donde será derrotado por el Caballero de la Blanca Luna (Cap. LXIII). En su forzoso regreso a su aldea manchega, don Quijote vuelve a pasar por el mismo lugar donde encontró la fingida Arcadia (Cap. LXVII). Una vez ahí, y cumpliéndose así el temor profético de su sobrina13, como sabemos, decide hacerse pastor y poeta:
Yo compraré algunas ovejas, y todas las demás cosas que al pastoral ejercicio son necesarias, y llamándome yo el pastor Quijotiz, y tú el pastor Pancino, nos andaremos por los montes, por las selvas y por los prados, cantando aquí, endechando allí, bebiendo de los líquidos cristales de las fuentes, o ya de los limpios arroyuelos, o de los caudalosos ríos (II, 562).
La derrota en la playa de Barcelona por el Caballero de la Blanca Luna, cierra para don Quijote toda posibilidad de continuar viviendo en el mundo de las novelas de caballerías; pero recordemos que don Quijote no renuncia a todas las fantasías de su antigua identidad poética:
Dulcinea del Toboso es la más hermosa mujer del mundo, y yo el más desdichado caballero de la tierra, y no es bien que mi flaqueza defraude esta verdad. Aprieta, caballero, la lanza, y quítame la vida, pues me has quitado la honra (II, 547).
Dulcinea del Toboso, o mejor dicho una re-nacida Dulcinea pastora, es la clave, la conexión, el puente por el cual pasará don Quijote de un mundo idealizado a otro; y ni tan siquiera tendrá que volver a bautizar a su amada pues el de mi señora cuadra así al de pastora como al de princesa (II, 563). La transfiguración literaria de don Quijote y de su amada Dulcinea ya contaba con un precedente
12 Bien
anota Avalle-Arce que en este capítulo Cervantes ha cambiado
el destino de la novela (II , 503, n. 25). Añadamos, por lo
tanto, que también el destino de su protagonista.
13 ¡Ay
señor! dijo la sobrina. Bien los puede vuestra merced
mandar quemar, como a los demás; porque no sería mucho que,
habiendo sanado mi señor tío de la enfermedad caballeresca,
leyendo éstos se le antojase de hacerse pastor y andarse por los bosques
y prados cantando y tañendo, y, lo que sería peor, hacerse
poeta, que, según dicen, es enfermedad incurable y pegadiza
(I, 119).
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en el episodio del regreso a la aldea después de la primera salida
(Parte I, capítulo V), donde don Quijote se transforma en el moro
Abindarráez y Dulcinea en Jarifa: Sepa vuestra merced,
señor don Rodrigo de Narváez, que esta hermosa Jarifa que he
dicho es ahora la linda Dulcinea del Toboso, por quien yo he hecho, hago
y haré los más famosos hechos de caballerías que se
han visto, vean y verán en el mundo (I, 108).
Los libros de poesía pastoril (caso
Garcilaso) y los libros de caballerías, que tanto admiraba don Quijote,
no son, en verdad, incompatibles, sino precisamente todo lo contrario. Ambos
tipos son idealizaciones (abstracciones) de la realidad, experiencias
poéticas alejadas del vivir cotidiano. También la relación
de pleitesía entre el pastor y la pastora es muy similar a la
relación de vasallaje entre el caballero y la dama, con la salvedad
que el primero de ellos según opinión del cura
no hacen ni harán daño (I, 118) a nadie. No resulta
pues extraño que don Quijote que ha hallado su identidad en
el vivir poético (Avalle-Arce 260) y tan dado a las aventuras
literarias, encontrara refugio en el mundo de las églogas de Garcilaso.
Las aventuras de don Quijote, sin embargo, más que hechos concretos
son hechos imaginados, son sueños convertidos en palabras; es decir,
es el placer de prefigurar experiencias y de participar en el misterio
de crear a través del lenguaje (Testa 532). Y eso es, precisamente,
lo que hace Cervantes con la poesía de Garcilaso, poesía que
va concretizándose, en el transcurso de la narración, en el
vivir del personaje don Quijote. En aquel bucólico e irónico
nuevo mundo, los modelos a imitar no pueden ser Amadís u otros
héroes de las novelas de caballerías; ahora serán las
lamentaciones de los pastores, como las de Salicio y Nemoroso: Yo me
quejaré de ausencia, tú te alabarás de firme enamorado;
el pastor Carrascón, de desdeñado (II, 564). El cambio
de modelos no ha sido abrupto, la metamorfosis ha sido ascendente y
paulatinamente perfecta. Cervantes ya había preparado al lector y
a su héroe para dicha transformación. Así hemos visto
a un mismo tiempo cómo el mundo de los caballeros andantes se iba
difuminando y el mundo pastoril, mediante la voz de Garcilaso, fue adquiriendo
forma y presencia. En suma, don Quijote ha efectuado una
pastorilización uniforme y absoluta (Avalle-Arce 261); fusión
admirable de la vida activa con la contemplativa, de la voluntad heroica
con la idílica, de la espada con la pluma. Ya bien señaló
Farinelli que aquella «sosegada vida en la dulce soledad»,
que cantó Garcilaso, jamás dejó de sonreírle,
en medio de aquellos torbellinos de luchas mortales que una férrea
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religión del honor imponía a su voluntad. Marchitada y caída
la corona del heroico caballero, otra corona debía hacerle suspirar:
la del pastor (Farinelli, 5).
El propio Cervantes nos había advertido
del voluntarismo de su héroe:
Paréceme, Sancho, que no hay refrán que no sea verdadero, porque todos son sentencias sacadas de la mesma experiencia, madre de las ciencias todas, especialmente aquel que dice: «Donde una puerta se cierra, otra se abre». Dígolo, porque si anoche nos cerró la ventura la puerta de la que buscábamos, . . . ahora nos abre de par en par otra, para otra mejor y más cierta aventura (I, 248-249).
Todo lo anteriormente expuesto no nos debe sorprender, por cierto, pues lo pastoril, ideológica y estéticamente, es un tema esencial en Cervantes (Castro 181) constituyendo una coherente unidad de pensamiento a lo largo de toda la obra cervantina: desde La Galatea al Persiles, pasando por los cuentos y episodios pastoriles del Quijote Grisóstomo - Marcela, La historia de Leandra, Las bodas de Camacho, La fingida Arcadia y El pastor Quijotiz lo cual se corrobora con la gradual presencia de Garcilaso en el Quijote. Sutilmente, Cervantes pone punto final a uno de los propósitos iniciales que lo llevó a escribir la segunda parte del Quijote: un mundo idílico, el de los libros de caballerías, es reemplazado por otro igualmente idílico, el de la lírica pastoril, pero como bien señala Avalle-Arce: La compensación cabal del Quijote no debe disociar ambos mitos [el mito caballeresco y el mito pastoril], pues se corre el riesgo de presentar un héroe mutilado (Avalle-Arce 262). Las metamorfosis cervantinas, como vemos, parecen ser de nunca acabar, pues si Bien podrán los encantadores quitarme la ventura, pero el esfuerzo y el ánimo será imposible (II, 153).
| UNIVERSITY OF CALIFORNIA | |
AT SANTA CRUZ |
(Citas y / o reminiscencias de Garcilaso en
la segunda parte de Don Quijote)
Las siglas y / nombres que aparecen junto a
la numeración de los textos corresponden a los personajes que pronuncian
las citas. Al
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final de cada una de éstas, además, indicamos tanto el texto de procedencia en Garcilaso así como la página en que las mismas aparecen en Don Quijote.
Llegarme quiero cerca con buen tiento
y ver, si de mí fuere conocido,
si es del número triste o del contento (Egloga II, vss.
95[-]97).
Sobre esta estrofa véase Avalle-Arce,
Tres notas al Quijote Nueva Revista de Filología
Hispana I (1947): 86-89.
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| 16.2 (1996) | Ausencia y Presencia de Garcilaso en el Quijote | 103 |
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Y aun no se me figura que me toca
aqueste oficio solamente en vida;
mas con la lengua muerta y fria en la boca
pienso mover la voz a ti debida.
Libre mi alma de su estrecha roca (Egloga III, segunda octava)
por el estigio lago conducida,
celebrándo irá, y aquel sonido
hará parar las aguas del olvido. (DQ II, 573).
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| 104 | ALADRO-FONT AND RAMOS TREMOLADA | Cervantes |
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| JORGE ALADRO-FONT | |
| UNIVERSITY OF CALIFORNIA | |
| AT SANTA CRUZ | |
| RICARDO RAMOS TREMOLADA | |
| GEORGETOWN UNIVERSITY |
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| BIBLIOGRAFIA CITADA | ||
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| 106 | ALADRO-FONT AND RAMOS TREMOLADA | Cervantes |
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| Fred Jehle jehle@ipfw.edu | Publications of the CSA | HCervantes |
| URL: http://users.ipfw.edu/jehle/cervante/csa/articf96/aladro.htm | ||